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21/11/09

Que triste es decir adiós

Que triste es decir adiós cuando existe amor.
Desde un tiempo a esta parte, sin que lo sepas mi mente, ya no piensa más que en ti, pero caminamos tu y yo mundos diferentes y por tratar de alcanzarte hallé mi fin,
juntar dos almas como las nuestras en un amor es querer que un día la luna se acerque al sol, las ilusiones que hay en mi mente me hicieron soñar que te tengo a veces entre mis brazos y al
despertar tu no estás.
Te amo y no lo puedo negar pero este amor que crece mas y mas me esta matando y yo no puedo mas. Por tal motivo es que yo me he resignado a perderte, me he resignado a olvidarte, por que nuestro amor es imposible.
Pero no perderé la esperanza de un día despertar entre tus brazos y decir te amo. Por ahora solo me queda resignación, solo me queda decirte adiós.
El tiempo es tuyo y la decisión estar en tus manos. Mi amor por ti seguirá vivo.



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Pensando...

Estaba pensando, pensando en el pasado...
Pensando en lo mucho que te quise,
pensando en que nunca me quisiste...
Pensando en que no te diste cuenta de lo enamorada que estuve de ti,
pensando en que te diste cuenta y no te importó...
Pensando en lo mucho que me esmeré para gustarte,
pensando en que nada sirvió...
Pensando en que ahora lo único que me queda es el recuerdo de este amor...
Pensando en que ahora ya no volveré a verte...
Pensando en que ahora te amo más de lo que alguna vez te amé...
Y pensando en que jamás podré tenerte.

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17/11/09

El elefante encadenado

elefante encadenado Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.
Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente:
¿Qué lo mantiene entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a alguna tía por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado—
Hice entonces la pregunta obvia:
—Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre— que NO PUEDE.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.
Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...
Vivimos creyendo que un montón de cosas “no podemos” simplemente porque alguna vez, antes, cuando éramos chiquitos, alguna vez, probamos y no pudimos..Hicimos, entonces, lo del elefante: grabamos en nuestro recuerdo:
NO PUEDO... NO PUEDO Y NUNCA PODRÉ
Hemos crecido portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar.
Cuando mucho, de vez en cuando sentimos los grilletes, hacemos sonar las cadenas o miramos de reojo la estaca y confirmamos el estigma:
¡NO PUEDO Y NUNCA PODRÉ!
Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón...
...TODO TU CORAZON


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Amor rebelde

Rebeldía es quererte aunque tú no quieras,
Rebeldía llevarte en el alma como se lleva
un puñado de estrellas.
Rebeldía mirarte a los ojos y no verme en los tuyos.
Rebeldía callar que te amo y seguir el camino.
Rebeldía vivir de ilusiones y la Luna traerla conmigo,
cantar sin canciones, versar sin poemas, llorar sin llanto,
huir para no caer, caer para no ceder.
Rebeldía es sentir lo que siento y sonreír a corazón abierto,
tapar las heridas con fuego y amor y más amor llevar
a algún rincón del mundo donde tú es cualquiera
y en cualquiera tú siempre estás.

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8/11/09

Jamás permitas!!

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Jamás permitas que ningún hombre te esclavice…
…tú naciste para ser amada… no para ser esclava.

Jamás permitas que tu corazón sufra en nombre del amor…
Amar es un acto de felicidad, ¿por qué sufrir…?

Jamás permitas que tus ojos derramen lágrimas…
… por alguien que nunca te hará sonreír…
Jamás permitas que tu cuerpo sea usado.
Sabes que es la morada del espíritu, entonces, mantenlo apreciado...

Jamás permitas quedarte horas esperando…
por alguien que nunca vendrá,
aunque te lo haya prometido.

Jamás permitas que tu nombre sea pronunciado en vano…
por un hombre que ni se sabe si tiene nombre...

Jamás desperdicies tu tiempo con alguien…
que nunca tendrá tiempo para ti...

Jamás permitas que alguien te hable a gritos…
Si te han de hablar… que sea con amor.
Jamás permitas que pasiones desenfrenadas…
te saquen de un mundo real para hacerte entrar
en uno que nunca existió...
Jamás permitas que tus pies caminen en dirección de un hombre…
que se la pasa… huyendo de ti.
Jamás permitas que los sueños de otros se mezclen a los tuyos,
haciéndolos girar en una gran pesadilla...
Jamás permitas vivir angustiada en la dependencia de un hombre,
haciéndote creer que tu naciste inválida y sin iniciativa…
Jamás confíes que alguien pueda volver,
cuando nunca estuvo presente...
Jamás permitas que quedes linda y maravillosa, para esperar a un hombre que no tiene ojos para admirarte.
Jamás permitas prestar tu útero para engendrar un hijo que nunca tendrá un padre...
Jamás permitas que el dolor, la tristeza, la soledad, el odio, el resentimiento, los celos, el rencor y todo lo que pueda sacar el brillo de tus ojos, debiliten la enorme fuerza… que Dios puso dentro de ti…
Jamás te permitas... que tu misma,
pierdas tu dignidad de ser mujer.
Jamás se lo permitas… a nadie

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6/11/09

El portero del prostíbulo

No había en aquel pueblo un oficio peor conceptuado y peor pagado que el de portero del prostíbulo... Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre?
De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido el portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre.
Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos..Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El
joven decidió modernizar el negocio.
Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.
Al portero, le dijo:
—A partir de hoy, usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes.
El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero...
—Me encantaría satisfacerlo, señor –balbuceó— pero yo...
yo no sé leer ni escribir.
—¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga estoy y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto...
—Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo...
No lo dejó terminar.
—Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, los siento. Que tenga suerte.
Y sin más, se dio vuelta y se fue.
El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación.
Llegó a su casa, por primera vez, desocupado. ¿Qué hacer?
Recordó que a veces en el prostíbulo cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.
Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa. Para eso usaría una parte del dinero que había recibido.
En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debería viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha.
A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.
—Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.
—Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como me quedé sin empleo...
—Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.
—Está bien.
A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.
—Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?
—No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula.
—Hagamos un trato –dijo el vecino— Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos días de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?
Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días...
Aceptó.
Volvió a montar su mula.
Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.
—Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?
—Sí...
—Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras.
El ex –portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue..“...No todos disponemos de cuatro días para hacer compras”, recordaba.
Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.
En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en viajes.
La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.
Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.
Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón.
Luego le hizo una entrada más cómodo y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo.
Todos estaban contentos y compraban en su negocio.
Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.
Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y
ganar dos días de marcha.
Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos.
Y luego, ¿por qué no? las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos...
Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región.
Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñarían además de lectoescritura, las artes y los oficios más prácticos de la época.
El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador..A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:
—Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela.
—El honor sería para mí –dijo el hombre—. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.
—¿Usted? –dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo
—¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?
—Yo se lo puedo contestar –respondió el hombre con calma—. ¡Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería portero del prostíbulo!..

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Qué feliz sería yo con lo que no tengo

Dicen que Diógenes paseaba por las calles de Atenas vestido en harapos y durmiendo en los zaguanes.
Cuentan que una mañana, cuando Diógenes estaba amodorrado todavía en el zaguán de la casa donde había
pasado la noche, pasó por el lugar un acaudalado terrateniente.
—Buen día –dijo el caballero.
—Buen día –contestó Diógenes.
—He tenido una muy buena semana, así que he venido a darte esta bolsa de monedas.
Diógenes lo miró en silencio, sin hacer un movimiento.
—Tómalas, no hay trampas. Son mías y te las doy a ti, que sé que las necesitas más que yo.
—¿Tú tienes más? –preguntó Diógenes.
—Sí, claro –contestó el rico— muchas más.
—¿Y no te gustaría tener más de las que tienes?
—Sí, por supuesto que me gustaría.
—Entonces guárdate las monedas que me dabas, porque tú las necesitas más que yo.
—Pero tú también tienes que comer y eso requiere dinero.
—Tengo ya una moneda –y la mostró— y esta me alcanzará para un tazón de trigo hoy por la mañana y quizás
algunas naranjas.
—Estoy de acuerdo, pero también tendrás que comer mañana y pasado y al día siguiente ¿de dónde sacarás el dinero mañana?
—Si tú me aseguras, sin temor a equivocarte, que yo viviré hasta mañana, entonces, quizás tome tus monedas...
Jorge Bucay

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Sobrevivir

Sobrevivir?
Cuando un amor te ha dejado
cuando ya no palpas su sentir
cuando de morir tanto has llorado.

Sobrevivir?
Cuando en cada paso que das
tu mente vuelve a sentir
que de tanto... ya no hay mas.

Sobrevivir?
Para que te sirve eso
si tu corazón pierde sentir
si te falta el calor de un beso.

Sobrevivir?
eso ya no es importante
si vas extrañando el reír
y su amor a cada instante.

Sobrevivir?
Cuando un amor ya te olvida?
cuantos me pueden decir
¿Para qué... sirve la vida
?

 
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El camino de Diógenes

Un día, estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas sentado en el umbral de una casa cualquiera.
No había nada en toda Atenas más barato en comida que el guiso de lentejas.
Dicho de otra manera, comer guiso de lentejas era definirse en estado de la mayor precariedad.
Pasó un ministro del emperador y le dijo:
—¡Ay! Diógenes, si aprendieras a ser más sumiso y a adular un poco al emperador, no tendrías que comer tantas lentejas.
Diógenes dejó de comer, levantó la vista y mirando al acaudalado interlocutor profundamente, le dijo:.—Ay de ti, hermano. Si aprendieras a comer un poco de lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador.
—Este es el camino de Diógenes, el del autorrespeto, el de defender nuestra dignidad por encima de nuestras necesidades de aprobación.
Todos necesitamos la aprobación de otros. Pero si el precio es dejar de ser nosotros mismos, no sólo es caro sino que se vuelve una búsqueda incoherente.

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El oso

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Esta historia habla de un sastre, un zar y su oso.
Un día el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se había caído.
El zar era caprichoso, autoritario y cruel (cruel como todos los que enmarañan por demasiado tiempo en el  poder), así que, furioso por la ausencia del botón mandó a buscar a su sastre y ordenó que a la mañana  siguiente fuera decapitado por el hacha del verdugo.
Nadie contradec ía al emperador de todas la Rusias, así que la guardia fue hasta la casa del sastre y  arrancándolo de entre los brazos de su familia lo llevó a la mazmorra del palacio para esperar allí su muerte.  Cuando, cayo el sol un guardiacárcel le llevó al sastre la última cena, el sastre revolvió el plato de comida con  a cuchara y mirando al guardiacárcel dijo – Pobre del zar.
- El guardiacárcel no puedo evitar reírse - ¿Pobre del zar?, dijo pobre de ti tu cabeza quedará separada de tu  cuerpo unos cuantos metros mañana a la mañana.
- Si, lo sé pero mañana en la mañana el zar perderá mucho más que un sastre, el zar perderá la posibilidad de que su oso la cosa que más quiere en el mundo su propio oso aprenda a hablar.
- ¿Tú sabes enseñarle a hablar a los osos?, preguntó el guardiacárcel sorprendido.
- Un viejo secreto familiar... – dijo el sastre.
Deseoso de ganarse los favores del zar, el pobre guardia corrió a contarle al soberano su descubrimiento:  ¡¡El sastre sabía enseñarle a hablar a los osos!!
El zar se sintió encantado. Mandó rápidamente a buscar al sastre y le ordenó:
-¡¡Enséñale a mi oso a hablar nuestro gustaría complaceros pero la verdad, es que enseñar a hablar a un oso es una ardua tarea y lleva tiempo... y lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo...
-El zar hizo un silencio, y preguntó ¿cuánto tiempo llevaría el aprendizaje?
- Bueno, depende de la inteligencia del oso... Dijo el sastre.
- ¡¡El oso es muy inteligente!! – interrumpió el zar  – De hecho es el oso más inteligente de todos los osos de Rusia.
-Bueno, musitó el sastre... si el oso es inteligente... y siente deseos de aprender... yo creo... que el aprendizaje  duraría... duraría... no menos de...... DOS AÑOS.
El zar pensó un momento y luego ordenó:  - Bien, tu pena será suspendida por dos años, mientras tanto tú entrenarás al oso. ¡Mañana empezarás!
- Alteza - dijo el sastre – Si tu mandas al verdugo a ocuparse de mi cabeza, mañana estaré muerto, y mi  familia, se las ingeniará para poder sobrevivir. Pero si me conmutas la pena, yo tendré que dedicarle el tiempo  a trabajar, no podré dedicarme a tu oso... debo mantener a mi familia.
- Eso no es problema – dijo el zar – A partir de hoy y durante dos años tú y tu familia estarán bajo la protección  real. Serán vestidos, alimentados y educados con el dinero de la corte y nada que necesiten o deseen, les será  negado... Pero, eso sí... Si dentro de dos años el oso no habla... te arrepentirás de haber pensado en esta  propuesta... Rogarás haber sido muerto por el verdugo... ¿Entiendes, verdad?.
- Sí, alteza.
- Bien... ¡¡Guardias!! - gritó el zar –Que lleven al sastre a su casa en el carruaje de la corte, denle dos bolsas  de oro, comida y regalos para sus niños. Ya... ¡¡Fuera!!.
El sastre en reverencia y caminando hacia atrás, comenzó a retirarse mientras musitaba agradecimientos.
- No olvides - le dijo el zar apuntándolo con el dedo a la frente – Si en dos años el oso no habla...

...Cuando todos en la casa del sastre lloraban por la pérdida del padre de familia, el hombre pequeño apareció  en la casa en el carruaje del zar, sonriente, eufórico y con regalos para todos.
La esposa del sastre no cabía en su asombro. Su marido que pocas horas antes había sido llevado al cadalso  volvía ahora, exitoso, acaudalado y exultante... Cuando estuvo a solas el hombre le contó los hechos.
- Estás LOCO – chilló la mujer – enseñar a hablar al oso del zar. Tú, que ni siquiera has visto un oso de cerca,  ¡Estás, loco! Enseñar a hablar al oso... Loco, estás loco...
- Calma mujer, calma. Mira, me iban a cortar la cabeza mañana al amanecer, ahora... ahora tengo dos años... En dos años pueden pasar tantas cosas en dos años.
En dos años... – siguió el sastre - se puede morir el zar... me puedo morir yo... y lo más importante... por ahí el  ¡¡oso habla!!

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2/11/09

Lágrimas

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Lágrimas por todo y por nada.
Lágrimas por lo que tengo y por lo que no.
Por todo lo que no he encontrado.
Por lo que he buscado.
Por lo que me sobra.
Por lo que no doy.
Por lo que no soy.
Por lo que pido.
Por lo que me hace daño.
Por cuando hago daño.
Por mis excesos.
Por mis fracasos.
Por los éxitos que no confortan.
Por las almohadas que mojé.
Por mis gritos.
Por todas las veces que no sonreí.
Por la confianza que traicioné.
Por los países que no conozco.
Por las amigas que perdí.
Por mis golpes a las puertas.
Por los labios que no beso.
Por los besos sin sabor.
Por los susurros que no escucho.
Por la amargura que no se expresa.
Por el vació que no se va.
Por tu consuelo, que no me sirve
Lágrimas por las esperanzas rotas.
Lágrimas, lágrimas y mas lágrimas...
Ya estoy harta...

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Aprendí y decidí

Y así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar...
Decidí no esperar a las oportunidades, sino yo mismo buscarlas.
Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución.
Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis.
Decidí ver cada noche como un misterio a resolver.
Decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.
Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades.
Y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos.
Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar...
Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui.
Me dejó de importar quién ganara o perdiera...
Ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.
Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima...
Sino jamás dejar de subir.
Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien "Amigo".
Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento...
"El amor es una filosofía de vida".
Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente...
Aprendí que de nada sirve ser luz sino vas a iluminar el camino de los demás.
Aquel día decidí cambiar tantas cosas...
Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad.
Desde aquel día ya no duermo para descansar...
Ahora simplemente duermo para soñar...

                                                                                             Walt DisneyAi0enI22IfgA

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